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viernes, 25 de agosto de 2017

Racismo e islamofobia

Es más que evidente que existe tanto el racismo como la islamofobia.
Y, después de sucesos como los atentados, ambas cosas se incrementan.
Pero, ¿luchamos por acabar con estos términos o favorecemos su existencia?

Que la comunidad musulmana esté sufriendo ataques en estos días por la sociedad (pintadas en mezquitas, agresiones a personas a pie de calle, etc) es algo que merece un esfuerzo por cambiar, pues nadie merece ser atacado; ni los unos ni los otros.

Ahora bien, ¿es nuestro comportamiento como musulmanes tan ejemplar como para terminar con el racismo y la islamofobia? ¿O es el comportamiento de la comunidad musulmana el que alimenta estos términos?
Y no me refiero a los atentados, puesto que esos terroristas no son musulmanes, sino asesinos.
Me refiero a que, en la mayoría de los casos, se ve tanto en pueblos como ciudades que la comunidad musulmana está aislada del resto de la sociedad.
Pocas veces se ve a la comunidad musulmana participar en actos públicos y/o culturales, y pocas veces se ve a los musulmanes bien relacionados con el resto de la sociedad.
Más bien, vemos a una comunidad musulmana aislada en barrios, que sólo se relaciona entre sí, que no participa con el pueblo en el que vive, que no hace que sus hijos tengan vida de niños como el resto, que no gasta de su dinero por la vida en este país, sino que más bien gasta lo imprescindible para poder gastar al máximo en sus países de origen.
Y esto, hermanos y hermanas, no hace sino aumentar el racismo y la islamofobia.  Puesto que también es racismo no querer integrarse en la sociedad.

¿Qué tiene de malo llevar a tus hijos a la ludoteca, a natación, apuntarlos a teatro, que participen en actividades extraescolares y culturales? Si es un bien para ellos, para su integración y para el ejemplo.
¿Por qué no relacionarnos con las demás mamás en el colegio de nuestros hijos y hacernos amigas? Podemos tener nuestro trato más íntimo con la comunidad musulmana, no lo niego; pero también relacionarnos y abrirnos a la sociedad.
¿Cuál sería el problema de dejarnos ver en los comercios locales? Comer un helado en una terraza, desayunar en una panadería, etc.

Si queremos acabar con el racismo y la islamofobia, empecemos por dar ejemplo.
Empecemos por no ser racistas nosotros y abrirnos a la sociedad, para así poder mostrarnos y que se nos juzgue por lo que somos, y no por lo que la gente piensa que somos.

sábado, 15 de julio de 2017

Juzgamos sin conocer, no podemos evitarlo

Así somos las personas. Vemos a alguien y por su aspecto ya pensamos algo: vaya pinta, viste demasiado elegante, qué ropa tan extravagante, vaya color de pelo...

Y, probablemente, el hecho de que nos llame la atención una cosa no sea malo.
Lo que es malo es ir más allá de ese pensamiento y reaccionar con un mal gesto, con una mala mirada, o peor aún tratando mal con hechos o palabras a esa persona.

¿Cuántas veces hemos conocido a alguien por medio de otras personas? Y probablemente la primera imagen que hemos tenido es aquello que nos han dicho.

El error está en no dar la oportunidad a esa persona para que nos muestre cómo es realmente, porque probablemente el punto de vista que otros tienen sobre ella no sea lo que nos acabe pareciendo a nosotros.

Muchas veces he vivido en mí misma miradas de rechazo cuando me ven llegar a un sitio puesta de pañuelo y ropa larga. Ahora bien, para mi sorpresa, y sobre todo para sorpresa de las personas que me estaban mirando mal, todo ha cambiado cuando he hablado.
¿Y por qué? A veces simplemente porque me escuchan hablar un español perfecto y se dan cuenta de que, o soy de aquí o llevo aquí toda una vida. Pero, otras veces, ha sido más mi educación, una sonrisa a su mala cara, un saludo, una despedida, o el hecho de que la gente vea que me integro perfectamente en la vida social.

Ahora mismo vivo en un pueblo donde hay muchos extranjeros, y muchos musulmanes.
Ven hombres con ropa larga casi a diario, y mujeres con hijab y jilaba por todas partes.
El problema es que, por lo general, estas personas están apartadas de la sociedad, no participan en actividades, no frecuentan negocios locales, etc.  Y así es como se nos juzga a todos, pensando que no sabemos vivir en sociedad.

Demos la oportunidad a las personas de que se muestran como son, y dejemos de juzgar por las apariencias o por lo que nos han dicho

miércoles, 28 de septiembre de 2016

La muerte, 16 años después


Hace 16 años que la muerte se llevó a mi abuela paterna, con quien yo había tenido mucho apego en sus últimos días y con quien había compartido muchos momentos, generalmente de culto y en relación con la iglesia católica.
Cuando mi abuela murió, no entendía porqué se había ido, sentí su pérdida como un castigo. Sentí que todo lo que había hecho, rezado, y dedicado a la religión y a Dios, no había valido para nada.

8 años después, la muerte se llevó a mi abuelo paterno, pero esta vez no fue tan sufrido por mí. Le apreciaba, pero no estaba tan unida a él como lo había estado a mi abuela en sus últimos días. Además, como sufrió enfermedades durante años y le había visto sufrir tanto, a él y a los que estábamos a su alrededor, su muerte fue como el fin a tanto sufrimiento, el descanso para él y para nosotros.

A día de hoy, ha sido a mi abuela materna a quien le ha tocado, hace unos meses, dejar este mundo. Este para mí ha sido el golpe más duro pues no hay otra persona con la que yo haya estado más unida. Con ella me crié desde que nací, con ella he vivido muchos momentos tanto de mi infancia como de la edad más adulta, ha sido para mí una madre, me acompañó en mi boda y en el nacimiento de mis dos hijos, he compartido con ella lo bueno y lo malo, hablaba con ella a diario... Y ahora ya no está.
Pero para sorpresa de todos, no se me ha visto "afectada" por su pérdida. ¿Y cómo es posible?

Probablemente, la madurez, la edad, hayan hecho que pueda llevar esta pérdida de una manera mucho más relajada, mucho más tranquila.
Pero la edad no es algo que nos haga sobrellevar la pérdida de mejor o peor manera, aunque pueda que influya.
Lo que realmente me ha hecho saber afrontar su pérdida de manera tranquila son: mi forma de pensar y el conocimiento que tengo.
Ahora sé que la muerte puede sobrevenirnos en cualquier momento, que no hay edad, ni actos buenos o malos que hagan que llegue antes o después.
Después de conocer el islam, he entendido que nuestras buenas obras y nuestra adoración serán recompensadas en la otra vida, después del juicio final, y por lo tanto no importa cuántas hayas hecho para que la muerte te llegue antes o después.
La muerte no es un castigo, es algo que tiene que llegar y sólo depende de la hora en que esté decretada para nosotros.

Estoy tranquila porque sé que mi abuela fue una buena persona y confío en que Allah (Dios) -swt- le recompense por ello en el día del juicio final.
Estoy tranquila porque sé que hice con ella y por ella todo aquello que pude mientras estuvo aquí. Con lo cual, confío en que ella murió contenta conmigo y orgullosa de mí.
Estoy tranquila porque el islam me ha enseñado a tener paciencia, y a afrontar con paciencia las pérdidas de nuestros seres queridos.
Estoy tranquila porque sé que la vida sigue para mí, y para nosotros, y que tenemos que seguir adelante, esforzándonos por nuestras buenas obras antes de que nos llegue la muerte a nosotros mismos, y porque en memoria de aquellas personas que ya no están tenemos que hacer muchas cosas para que todo siga como ellos hubieran querido (in shaa Allah - si Dios quiere-)

lunes, 1 de agosto de 2016

¿Y si después no hay nada?

Hace algún tiempo vi esta imagen y me llamó mucho la atención.


Esta pregunta, yo también me la he hecho alguna que otra vez.
Creo que todos los musulmanes (o la mayoría), y en general todas las personas, hemos tenido nuestros momentos de duda de fe, nuestros momentos de cuestionarnos si habrá o no algo después de la muerte...

Creo firmemente en Dios (Allah), y creo en la predestinación, y en el Día del Juicio Final, y en el Paraíso y el Infierno, y en todas las otras cosas que el islam conlleva creer.
Pero en momentos de duda de fe, en momentos en los que la tentación de satanás es muy fuerte, en momentos de enfado porque algo no ha salido como esperaba, o yo que sé en qué otras situaciones, sí que he tenido mis dudas y he llegado a pensar: "¿servirá para algo todo esto?"
Pero luego, gracias a Dios (alhamdolilah), mi respuesta ha sido: "por si acaso, no quisiera echarlo todo a perder".

Y es así, no hay otra respuesta a esta pregunta.
Si el día de mañana, después de la muerte, no hubiese otra vida, ni juicio final ante Dios, ni absolutamente nada más; más que simplemente te mueres y ahí acaba todo.
No habré perdido nada por intentarlo.
No habré perdido nada por pasar mi vida buscando el bien de mi cuerpo en cuanto a alimentación sana y cero sustancias tóxicas.
No habré perdido nada por haberme vestido de la manera que he creído correcta.
No habré perdido nada por mis ratos de adoración, de rezo, de paz interior, de espiritualidad.
Habré vivido como creo que debo, de la mejor manera posible bajo mi punto de vista, y siempre fiel a mis criterios.

En cambio, ¿y si después hay un Día en el que seremos juzgados por nuestras obras? ¿y si de verdad somos condenados al fuego eterno del infierno y nada puede salvarnos?
Puede que ahora no temas nada, puede que no tengas miedo de ese día porque lo ves muy lejano.
Pero la muerte puede sorprenderte en cualquier momento, incluso ahora mismo.
Entonces, cuando ya no haya tiempo para cambiar, para hacer otra cosa, ¿cómo te justificarás?
¿Qué dirás cuando te pregunten por qué no adoraste?
¿Qué dirás cuando se te juzgue por toda esa diversión que tuviste en esta vida con aquello prohibido?
¿A quién culparás de que tú mismo/a hayas elegido ese camino?
¿Cómo conseguirás salvarte si tu tiempo ya ha terminado?

Por si acaso, nunca dejes de intentarlo.
Busca la recompensa en esta vida y en la otra.
Disfruta, vive el día a día de la mejor manera, pero recordando siempre los límites.
No te descuides, pues la muerte puede estar más cercana de lo que creemos.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Buscar la protección en los muertos

Ya comenté que en el islam están prohibidos los amuletos, la adivinación, la brujería, pero no sólo eso, sino que el pecado más grave es asociar algo o a alguien con Allah (Dios).
Allah es único, todo lo puede, y tiene unos atributos que ningún ser ni objeto de la creación puede compararse con él.
Es por eso que sólo podemos buscar la protección en Dios (Allah), pues es el que nos da y nos quita.
Todos los días, pero sobre todo en días como hoy, se escuchan comentarios del tipo "la abuelita ya no está, pero desde el cielo nos cuida", "mi papá murió pero desde el cielo nos protege".
Y ese tipo de comentarios sobran, no sólo para los musulmanes, sino para cualquier persona en general.
Los muertos no tienen poder para nada, y ni siquiera los vivos pueden luchar contra la voluntad de Allah (Dios).
¿O acaso si Dios ha decretado para ti una enfermedad incurable va a venir un muerto a quitartela?
¿O es que si te viene una bendición y una situación perfecta te la ha mandado el muerto?
Sólo Allah (Dios) tiene poder sobre todas las cosas, y es por eso que debemos pedirle y suplicarle siempre, sólo a Allah.
Recordemos a las personas que han dejado este mundo, pero pidamosle a Allah por ellas y, también por nosotros.

viernes, 30 de octubre de 2015

¿Por qué rezamos de esa manera?

Muchas veces me han preguntado: ¿y rezas así como se ve en la tele, tirándote al suelo?

A veces la pregunta es tan simple que dan ganas de girar la cabeza y no pararte ni en contestar.
Pero sí, rezo como se ve en la tele, como rezan todos los musulmanes de cualquier parte del mundo.

Hace pocos días tuve una conversación con una persona que se reía de nuestra manera de rezar, incluso hacía los gestos sumida en una risa que a mí no me agradó para nada.
Me miraba y decía algo así como que respetaba que recemos así pero que vaya tontería.

Pues bien, aunque parezca una tontería rezar así, sobre una alfombra, en una dirección concreta, y con ciertos gestos y movimientos, rezamos así porque es lo que se nos ha ordenado y porque cada movimiento tiene un sentido.

Los musulmanes rezamos en dirección a Meca (Arabia Saudí), aunque antes de la Revelación al profeta Muhammad (que la paz sea con él) se rezaba en dirección a Al Aqsa (Jerusalén).

El templo que hay en Meca (Arabia Saudí) se construyó por el profeta Abraham (que la paz sea con él) junto a su hijo Ismael (que la paz sea con él) para crear el primer templo de adoración al único Dios que existe. Es por eso que cuando se reveló el Corán se cambió la dirección del rezo hacia ese primer templo en lugar de la dirección a la que se rezaba.

Aunque los católicos no se han parado a pensar porqué el altar de la iglesia está donde está, no es casualidad que el altar de la iglesia esté justo en la misma dirección a la que rezamos los musulmanes.

En cuanto a rezar de pie, agachados y postrados, los musulmanes no somos los únicos a los que se nos ha ordenado rezar así; sino que también la Biblia dice que se reza así.
Y en la iglesia católica yo recuerdo que para ciertas oraciones había que estar de pie, y que en el momento en que se hacían las súplicas la gente se ponía de rodillas.

Aunque se han modificado las religiones y se han modernizado, las bases de todos los libros sagrados (Torá, Evangelio y Corán) son las mismas puesto que todas proceden del único Dios (Allah).

Y es por eso que creo más en el islam y en el Corán que en el catolicismo y la Biblia, porque aunque han pasado más de 1400 años desde que se reveló, seguimos cumpliendo con lo que se reveló de parte de Dios.

Y sí, hay musulmanes "modernos", pero eso no es ser musulmán; puesto que en la religión está prohibida toda innovación y tenemos que seguir la palabra divina y las enseñanzas del último profeta enviado a la humanidad.

domingo, 11 de octubre de 2015

Las relaciones de pareja

En pleno siglo XXI mucha gente se pregunta si todavía existen relaciones de pareja lejos del pecado y con un respeto, evitando la tentación. 
Pues la respuesta es Sí, todavía quedan personas que viven su relación respetando el mandato de Dios (Allah), evitando la tentación y alejándose del pecado.
Para una mujer y un hombre está prohibido quedarse a solas si no son matrimonio ni tampoco familia. Podemos resumirlo en que una mujer no puede estar sola con un hombre que podría ser legal e islámicamente su marido; y un hombre no puede estar solo con una mujer que pudiese ser su mujer.
Entonces, ¿cómo saben si es la persona adecuada para casarse?
Se sabe por el respeto que te demuestra, por la paciencia, por evitar la tentación, porque te unen a él/ella aficiones, gustos, intereses, etc, porque te saca una sonrisa, porque deseas su compañía y/o su conversación sin límite de tiempo; y sobre todo porque os une el deseo de uniros correctamente para seguir juntos el camino de vuestras vidas.
Antiguamente debía de ser todavía más complicado, pero hoy en día tenemos muchas facilidades de conocer gente y tener contacto con ellas sin que sea necesariamente en persona.
Conozco casos de chicas y chicos que se han conocido por redes sociales, o que se conocían de vista y la mayor relación entre ellos ha sido gracias a las nuevas tecnologías.
Y, sin necesidad de pecar, sin necesidad de caer en la tentación, se han conocido, se han comprometido, se han casado y han hecho su propia familia, y ¡les va genial!
La intención va antes que todo, y si una persona se mentaliza en algo, puede conseguirlo.
Si tú te mentalizas en que de verdad tienes temor de Dios, que no quieres desobedecerle, y que quieres formar tu familia islámica correctamente, puedes vencer a la tentación, a las dudas, y a todo.
Yo siempre he tenido miedo de Dios, miedo de su castigo por desobedecer lo que nos ha ordenado.
Y ese miedo ayuda a mentalizarse para afrontar lo que va surgiendo.
Y la confianza en Dios, la paciencia, mantenerse en una idea confiando en que de verdad puede existir, hace que al final las cosas salgan bien.
Llega un momento en el que aparece en tu vida un hombre (o mujer en caso contrario) que te muestra respeto, que te trata con simpatía sin sobrepasar los extremos de lo permitido y sin llegar a lo prohibido, que llegas a dudar sobre sus intenciones porque no ves que quiera ir demasiado rápido... Y ése es el hombre, ése es el momento de unir tu vida a la de otra persona para formar juntos una familia y seguir creciendo.
En cambio, si dejas de confiar, dejas de tener paciencia, pierdes la idea de que es posible.
Entonces es cuando caes en el error, en el pecado, en acercarte a hombres (a mujeres en caso contrario) que no compartirán su vida contigo, y a estar desaprovechando un tiempo del cual no tendrás ninguna recompensa; sino más bien remordimientos en un futuro.
Sé paciente, espera, y confía en Dios (Allah), que ese hombre está destinado para ti.
No te regales a nadie que no te merezca.
No pierdas la esperanza, los hombres (y mujeres) temerosos de Dios, creyentes y respetuosos, todavía existen.

¿Y si en vez de musulmana me hubiese hecho monja?

No sería tan raro, podría haber sido también.
Siempre he sido una persona creyente y he intentado cumplir con la religión. 
Recuerdo en mi infancia querer cumplir con los 10 mandamientos que nos enseñaba la religión católica.
Quería aprender oraciones como el credo, el padre nuestro y demás, con gran interés y afán.
Me esforcé varias veces por leer la Biblia, aunque he de reconocer que me acababa aburriendo y nunca llegué a completarla entera.
Me encantaba conocer la religión, participar en la iglesia, ser una buena creyente, y mostrar ante todos mi fe y mis conocimientos.
Por lo tanto, no hubiera sido tan raro que me hubiese interesado por ser monja y dedicar mi vida a adorar a Dios (aunque también me llamaba la maternidad y los niños y no sé si lo hubiera conseguido).
Pero el destino, el qadr, lo que Dios había elegido para mí, fue que después de la muerte de mi abuela comenzase a dudar de mi fe en la iglesia y en la creencia que hasta entonces había tenido.
Y en ese momento, mis ganas de saber y de aprender hicieron que conociese el islam, la religión en la que encaminé mi vida para dedicar plena adoración a Dios en mi día a día y en todos mis actos, sin renunciar a la maternidad y a tener mi propia familia.
Ahora bien, socialmente, estoy segura de que si hubiese elegido ser monja en vez de musulmana a nadie le habría parecido tan descabellado.
"Una chica joven se ha metido a monja, pero tantas lo han hecho antes que aunque le tenemos lástima es algo normal, no es la primera"
"La hija de tal se ha hecho monja y vive en un convento, por eso se viste así y se tapa el pelo; es su obligación"
"Esta chica siempre fue muy beata y muy creyente, es normal que haya acabado así"
En cambio, elegí ser musulmana; y aquí es donde viene el conflicto:
"Pobre chica, se ha empezado a juntar con los moros y le van a comer la cabeza"
"Qué lástima que una chica tan joven desperdicie así su vida"
"La hija de tal se ha casado con un moro y le obliga a ponerse pañuelo, seguro que la maltrata y no le deja salir de casa"
Y así un largo etcétera que, aunque nadie ha tenido valor de decírmelo a la cara, ha llegado a mis oídos porque en un pueblo pequeño todo se sabe.
Señoras y señores opinólogos, he decidido ser musulmana por mi propia voluntad, porque quiero dedicar mi vida a adorar a Dios; pero no por ello he de renunciar a nada: soy madre, esposa, amiga, y muy libre de elegir mi futuro y lo que hago o dejo de hacer.
Y sí, llevo pañuelo y ropa larga, pero con ellos sigo estudiando para tener cada vez más conocimientos y más títulos y diplomas, no pienso dejar de aprender, y seguiré -si Dios quiere- siendo la buena estudiante que siempre fui, teniendo buenas notas, y destacando en todo aquello que haga: estudios reglados que me permitan trabajar en aquello que me gusta, y estudios islámicos que me permitan conocer más y mejor mi religión para así poder ser un buen ejemplo.

Los musulmanes ¿sucios?

Soy de un pequeño pueblo en el que la agricultura y la ganadería son las dos principales industrias que mantienen la economía. 
La mayoría de extranjeros (musulmanes o no) que viven allí desde antes de que yo me fuese del pueblo hace 10 años se dedican a la agricultura y a la ganadería.
Por lo tanto no es raro escuchar a la gente decir que "los moros huelen mal y son sucios"
¿Cómo pueden decir esto?
Cualquier persona que trabaje en el campo llega a casa oliendo a trabajo del campo, y cualquier persona que trabaja con ovejas y cabras llega a casa oliendo a ganado; sea de donde sea.
Pero no sé cómo pueden juzgar a los musulmanes y/o a los árabes de "sucios", ¡si supieran!
Un musulmán creyente nunca puede ser sucio.
¿Por qué?
Porque los musulmanes tenemos que rezar 5 veces obligatorias al día, y una de las condiciones del rezo es haber hecho las abluciones necesarias, lavarse.
Esto quiere decir que, en ocasiones, tenemos que lavarnos 5 veces al día. ¿Qué suciedad puede quedar?
Orinar anula la ablución, defecar, expulsar gases, e incluso hasta dormir la anula.
Por lo tanto si entre un rezo y otro sucede cualquiera de estas cosas es obligatorio lavarse antes de volver a rezar.
Y esas abluciones para el rezo consisten el limpiar las partes íntimas con agua, lavarse las manos, la boca, la nariz, la cara, los brazos, pasar la mano por la cabeza y orejas y lavarse los pies.
Y todavía más.
Las relaciones sexuales o el fin de la menstruación o puerperio son impurezas mayores que requieren de un lavado más completo que consiste en el mismo que acabo de mencionar, añadiendo que después te laves todo el cuerpo, de la cabeza a los pies, y que el agua entre incluso en el ombligo, en cada parte de tu cuerpo.
Por lo tanto, un musulmán siempre debe de estar limpio para dirigirse a Allah (Dios) en el rezo, y eso hace que sea igual de limpio con la gente.
Pero la cosa no queda aquí.
En la tradición del Profeta se nos ha enseñado que es muy recomendable bañarse cada viernes, puesto que el viernes es el mejor día de la semana.
Y se nos ha enseñado también que es obligatorio para un musulmán ducharse mínimo una vez a la semana.
También se nos ha enseñado que hay que contar las uñas, el vello púbico y depilarse las axilas como mucho cada 40 días para impedir que tengamos suciedad.
Por lo tanto, antes de tratar a un musulmán de sucio, deberíamos pensar que un musulmán se lava los pies 5 veces al día; mientras que otras personas no se lavan la cara ni una sola vez.

¿Por qué le llamamos Allah a Dios?

Los musulmanes creemos en un Dios único, en el mismo que creen los cristianos y los judíos.
En el Sagrado Corán explica claramente que ésta es la última revelación aclarando la Biblia y la Torá, puesto que éstas son revelaciones anteriores también procedentes de Dios.
Entonces, si es el mismo Dios el que ha revelado los libros sagrados y ha enviado profetas y mensajeros, ¿por qué los musulmanes le llamamos Allah?
Allah es una palabra árabe que significa Dios.
Por lo tanto, si leemos una Biblia en árabe pondrá Allah cada vez que se refiera a Dios.
Nosotros utilizamos la palabra Allah en árabe por varias razones.
Una de ellas es porque seguimos el Corán tal cual fue revelado en árabe.
Pero otra razón es que la palabra "Dios" se puede conjugar en masculino, femenino (diosa) y plural (dioses/diosas); mientras que Allah no se puede conjugar, no tiene género ni número.
Y puesto que Dios, el creador, no tiene género ni número, la mejor manera de llamarlo sin asociarle nada es llamándole Allah.

Los musulmanes y la relación con nuevas musulmanas

Antes de nada decir que no se puede meter a todos en el mismo saco y que no todos son igual, pero sí la gran mayoría.
Cuando los hombres musulmanes se enteran de que una española se interesa por el islam, no tardan en buscarla e ir detrás de ella como moscones.
Unos buscan pasar el rato y alardear de que tienen una novia española, a pesar de ser algo prohibido en el islam.
Otros buscan los papeles y se acercan a ti supuestamente para enseñarte su religión o mostrarte admiración por tu interés en el islam.
Y entre ellos mismos parece que compiten a ver quién se lleva el premio y quién es capaz de quedarse con la española.
No les importa que esa relación sea un pecado ante los ojos de Dios.
No les importa la mala imagen que dan de los musulmanes.
Y ni siquiera les importa si tienes 20 años menos que ellos, o si son de la edad de tu padre.
Pero no quitemos importancia a las mujeres musulmanas.
En cuanto se enteran de que una española es musulmana o tiene interés por el islam, pero no tiene marido, enseguida salen hijos, primos, sobrinos, hermanos o lo que sea para casarse contigo.
Y vuelvo a decir que no se puede juzgar a todos por igual, porque hay hombres que de verdad intentan acercarte a la religión desde el respeto y sin intentar pasar los límites a lo prohibido; al igual que también hay mujeres que intentan enseñarte y apoyarte sin buscarte un marido.
Pero estas personas, las que de verdad te ayudan, son las mínimas. Es triste, pero es así.
Señores, señoras, que sea española y quiera ser musulmana o ya lo sea, no quiere decir que busque desesperadamente un marido ni mucho menos un novio con el que pasar el rato.
Preocupense de dar una buena imagen del islam, de enseñar la verdadera esencia de una religión como la suya.
Y recuerden que el destino ya está escrito por Allah, y me terminaré casando con quien Allah ha escogido para mí.

La relación fuera del matrimonio

En el islam, como en las demás religiones aunque sea algo que se ha ido perdiendo, están prohibidas las relaciones fuera del matrimonio. 
Pero, ¿respetan esto los musulmanes?
Pues tristemente, no.
Siempre hay algunos musulmanes rectos que sí respetan este principio, pero son muy pocos.
Por lo general, no basta con conocer a una persona y querer pasar tu vida junto a él/ella; sino que se hace una relación más larga para conocerse antes de casarse.
Y estas relaciones extra matrimoniales, además de estar prohibidas, en muchos casos no llegan a ninguna parte.
Mientras que, otras relaciones en las que dos personas se conocen, hablan unas cuantas veces siempre respetando y sin tener intimidad, se casan y comienzan a hacer vida juntos cumpliendo con lo que Dios ha ordenado, suelen tener más éxito.
¿Por qué?
Pues yo pienso que cuando hay relación antes del matrimonio y pasa tiempo, pueden pasar tres cosas:
1- que cuando llega la hora de decidirse ya se conocen demasiado, saben lo bueno y lo malo de esa persona, y se crea un prejuicio de "yo esto no lo voy a aguantar"
2- que se cansan de conocerse y quieren conocer a otras personas antes de decidirse.
3- que cuando se casan ya se ha perdido toda la magia del principio.
En cambio cuando dos personas se conocen y en muy poco tiempo se deciden a casarse, la relación tiene más éxito porque aprendes a conocer a esa persona en la convivencia del día a día, aprendes a convivir con sus defectos y virtudes, y como no conoces a nadie más no puedes comparar.
Por supuesto, no nos olvidemos de que una relación halal (permitida) que cumple con la orden de Dios siempre estará protegida y bendecida por Dios.
Puede fracasar también, pero al menos sabes que no has desobedecido a Dios en ningún momento y por lo tanto no tienes esa falta sobre ti.
Dice Allah (Dios) en el Corán que puede que te disgusten muchas cosas, pero en ellas haya para ti un beneficio. Y también que puede que muchas cosas sean desagradables pero otras muchas sean buenas para ti.
Y eso es lo que debemos coger siempre, el lado bueno de las cosas.
A lo mejor tu marido no es detallista y no te trae regalos a menudo, pero en cambio te ayuda con todas las tareas de la casa.
Puede que tu marido sea desordenado pero es siempre paciente y amable contigo.
Puede que tu mujer sea impaciente pero siempre trata de complacerte.
Quedémonos siempre con el lado bueno de las cosas, y busquemos siempre complacer a Dios para que nos proteja y nos ayude.

La mujer musulmana, ¿oprimida y sin derechos?

Muchas veces la gente cree que la mujer musulmana se cubre por temor o respeto a su marido, que no puede trabajar, que no puede salir, que siempre tiene que ir con su marido, que tiene la obligación de hacer todas las tareas de la casa y cuidar a los hijos, etc.
La mujer musulmana se cubre por obediencia a Dios y por temor a él. 
Si crees en Dios y sabes que él ha mandado vestir así, llega un momento en que te das cuenta de que algún día tendrás que rendir cuentas ante Dios y a él no puedes ponerle excusas.
La mujer puede trabajar si quiere, pero no tiene obligación de hacerlo porque Dios le ha dado al hombre la obligación de mantener a su mujer e hijos y que no les falte de nada.
La mujer musulmana puede tener vida social, salir, ir a cursos o actividades, reunirse con amigas o familia.... Y no necesita llevar de escolta al marido.
Como cualquier otra mujer, hacemos las tareas de la casa y nos ocupamos de los hijos, pero Dios ha ordenado al hombre tratar bien a su mujer, ayudarla y ser comprensivo con ella. Y en la Sunna del profeta, en lo que él hacía y recomendaba hacer por consejo de Dios, se ha enseñado al hombre a colaborar en las tareas de la casa y ser responsable de la educación de los hijos.
Somos musulmanas, pero tenemos los mismos derechos que cualquier otra mujer.
Es más, un marido musulmán temeroso de Dios nos dará incluso más de lo que se le pide para obtener más recompensa.

El pañuelo, la gran polémica de un trozo de tela

Desde niña admiraba las fiestas de moros y cristianos, sus trajes, su ambiente, la decoración. 
Aladin y la princesa Yasmin, aquellos dibujos me hacían soñar y viajar hasta las mil y una noches.
Pero cuando en mi día a día comencé a ver mujeres musulmanas de verdad, cubiertas de la cabeza a los pies hiciese frío o calor, con esos velos que tanto misterio daban, necesitaba saber el porqué, qué significaba eso para ellas.
Al principio, no veía ninguna obligación de usarlo.
5 pilares, 5 obligaciones de los musulmanes: fe, rezo, ayuno, caridad y peregrinación
¿Dónde ponía que había que llevar velo?
Pensé que era más bien algo cultural, típico de su país, pero me encantaba.
Cuando mis padres y familia más cercana se enteraron de mi interés por el islam y de que había empezado a practicarlo, y cuando mis amigas se enteraban, la primera pregunta era siempre esa: "¿y te vas a poner un pañuelo de esos?"
Evidentemente mi respuesta era "No"
¿Para qué me iba a poner yo eso si yo soy española?
Pero con el tiempo y el estudio, al leer el Coran, al aprender más de mi religión, entendí que el islam no sólo son 5 pilares, sino que es algo mucho más amplio, una forma de vida.
En el Coran deja bien claro que las mujeres deben cubrirse con la finalidad de que se las respete, que no sean vistas como objeto sexual, que no se aprovechen de ellas.
Pero está claro que todo cambio necesita un proceso de tiempo, de aprendizaje y de adaptación.
No podía de la noche a la mañana cambiar mi vida entera porque ni siquiera yo tenía el sentimiento de hacerlo.
Poco a poco empecé a usar ropa más larga, que disimulara más ciertas partes.
Pasé del pantalón corto en verano a largo todo el año.
Pasé de la manga corta a media manga, y más tarde a manga larga.
Pasé a los vestidos y faldas largas.
Empecé a cubrir mi pelo, a usar aquel pañuelo que tanto admiraba, pero no fue algo fácil.
Desde que empecé a practicar el islam por el año 2002 más o menos, no fue hasta 2009 cuando empecé a usar velo.
Tampoco fue ponérmelo un día y seguir así, si no que al principio me lo ponía sólo a veces; luego me lo ponía normalmente menos para ir a clase o para visitar a mi familia.
Y poco a poco llegó un día en el que enfrenté cualquier situación y empecé a llevarlo siempre, ante mi familia y a cualquier parte que vaya.
Porque sé que es mi obligación como mujer musulmana, porque es mi deseo, porque me gusta, y porque poco a poco he aprendido cuál es su significado, la necesidad de usarlo y el valor que tiene ante los ojos de Dios, que es lo que realmente me importa.
Ese pañuelo, un pequeño trozo de tela, crea demasiada polémica sin motivo alguno.
¿Es en el Coran sólo donde pone que hay que llevarlo, o también lo pone en los otros libros revelados -la Tora y el Evangelio-?
¿Sólo las musulmanas nos cubrimos o también lo hacen, por ejemplo, las monjas?
¿Es algo nuevo inventado por los musulmanes, o más bien es algo que se ha hecho siempre pero poco a poco se ha perdido?
Dicen que usar velo, pañuelo, ir tapada o como queramos llamarlo, cierra muchas puertas y da muchas dificultades.
Y yo no lo niego, porque no puedes trabajar en muchos sitios vistiendo así, porque la gente te juzga, porque muchos se alejan de ti...
Pero realmente ese velo, esa forma de vestir que no implica sólo taparse el pelo, es una forma de obedecer a Dios, y si realmente somos creyentes y confiamos en Dios, tenemos que estar seguras de que si Dios nos cierra una puerta por obedecerle, siempre nos abrirá una ventana como recompensa por nuestro valor.
Quizás no podamos trabajar en tal cosa, pero seguro que Dios nos tiene preparado algo mejor.
Quizás perdamos a mucha gente, pero seguro que era gente que no merece la pena y encontraremos gente mejor.
A día de hoy, y desde hace tiempo, me siento orgullosa de mi misma por haber cumplido con mi obligación y por haber sabido enfrentar todas las situaciones.
Soy feliz vistiendo así, soy feliz siendo musulmana

El miedo

Miedo a lo desconocido. 
Miedo a equivocarnos.
Miedo al rechazo.
Miedo al qué dirán.
Miedo a los cambios.
Todos los humanos sentimos miedo en muchas ocasiones, pero en un cambio tan grande como el que supone cambiar de religión y de vida, el miedo es aún mayor, si cabe.
En un principio, mi miedo era al rechazo. Y tal y como me temía, el rechazo llegó.
Cuando decides abrirte a algo nuevo, lo pagas perdiendo a la gente que considerabas cerca.
Ya me sentía rechazada por mucha gente de mi entorno, ya era el bicho raro, así que eso ya no me preocupaba, si quería seguir adelante no había solución.
Ahora el miedo era al qué dirán. Toda la gente me criticaba, hablaban de mí, y mi familia siempre se ha preocupado mucho por lo que diga la gente; así que he tenido que disimular, aparentar, mentir, e intentar no ser yo para que la gente no piense y no diga, y así mi familia no tenga que tragar con eso.
Aún así, no me valió de nada, por mucho que he disimulado, desmentido la realidad, fingido, etc etc, la gente me ha seguido criticando y mi familia ha tenido que sufrir esas críticas conmigo. Así que, encima de no poder ser yo misma, no ha valido para nada porque igualmente no he evitado nada.
Los demás miedos creo que van unidos.
¿Será esto lo correcto? ¿estaré haciéndolo bien? ¿me equivocaré? ¿me estaré metiendo en algo peligroso?
No tenía ni idea ni nada pero sabía que quería seguir buscando; era la única manera de conocer y dar respuesta a mis preguntas.
Una vez más, la mala imagen del islam y lo que la gente decía me afectaba y me hacía dudar.
Yo no quería meterme en una secta en la que me lavasen el cerebro.
Yo no quería tener que ponerme una bomba e inmolarme.
Yo no quería tener que hacer una guerra.
Buscaba tranquilidad, paz, poder tomar mis decisiones.
No quería equivocarme, no quería sufrir ni hacer sufrir, pero necesitaba un cambio en mi vida.
Cuando buscas información, la encuentras; buscas la verdad y la encuentras.
Y es entonces cuando conoces, comprendes y el desconocimiento se convierte en confianza, seguridad, y ganas de cambiar y conocer más y más
(He de decir también, que muy a mi pesar y por mucho que he intentado que mi familia no sufra, no lo he conseguido.
Han sufrido, sufren y seguirán sufriendo por la sociedad en la que vivimos.
Pero gracias a mi cambio yo soy feliz y sé que se alegran por mí; y estoy segura de que se acabarán sintiendo orgullosos de mí, de mi esfuerzo y del sufrimiento que todos hemos tenido)

La yihad, ¿guerra santa?

Los ataques terroristas relacionados con el "islam" han repercutido mucho en la imagen de los musulmanes, y por supuesto, en cada uno de nosotros.
11 S, 11 de septiembre de 2001, dos aviones estrellados voluntariamente contra las Torre Gemelas.
11 M, 11 de marzo de 2004, bomba en un tren en Madrid.
Esos hechos, y los que han ocurrido después, han tenido mucho que ver en la mala imagen del islam, y en el miedo que siente la gente en general por el islam y los musulmanes.
Cuando sucedió el atentado de las Torres Gemelas, yo todavía no sabía casi nada del islam, ni tampoco me consideraba musulmana, así que eso poco afectó a mi día a día.
Pero cuando sucedió el atentado de los trenes en Madrid, en 2004, ya era más que evidente que yo era musulmana, ya no me escondía para ayunar, me relacionaba casi siempre con musulmanes y a penas con no musulmanes, y para mí ya no era ningún secreto.
Por eso, el día que pasó aquello, aquel 11M, mi padre me advirtió: "que no se entere nadie que estás haciendo el tonto como los moros con el Ramadán y esas tonterías, que ahora mismo en España nadie quiere saber nada de eso y te van a pegar alguna paliza en el instituto que te van a matar"
Yo no entendía muy bien qué tenía yo que ver, pero seguí en parte el consejo de mi padre porque la gente odiaba a los musulmanes, y si yo decía o hacía algo que me pudiese relacionar con el islam, fijo que tendría problemas.
Pero yo seguía sin entender nada, ¿qué guerra santa? ¿qué era eso de la yihad? ¿por qué un musulmán se atrevía a hacer cosas como esas?
Una vez más, mi curiosidad, me llevó a investigar, y saber que eso no era ni islam, ni propio de los musulmanes.
En el islam está prohibido matar a cualquier persona, sea o no musulmán.
En el islam no se declara la guerra por el simple hecho de que alguien no sea creyente.
En el islam existe un término que es "yihad", pero su significado es esfuerzo, esfuerzo en tu religión y en ti mismo, en hacer tú el bien, en mejorar como persona y como creyente, en ningún momento significa guerra santa.
Lo que tengo claro es que han pasado cosas, como el 11S, el 11M, los atentados de París este mismo año 2015, pero eso son ataques terroristas, no islam.
Por el simple hecho de que esos terroristas digan que son musulmanes y que lo hacen porque van a llegar al paraíso, no se puede juzgar a todos los musulmanes.
¿O es que si un miembro de ETA al hacer un atentado dijese que lo hace por Dios y por la iglesia se culparía a todos los católicos?
La gente juzga por lo que oye, y no le da por investigar ni saber la verdad.
Aunque poco a poco hay mucha gente que investigando sobre estos asuntos se da cuenta de que el islam es una religión de paz que en ningún momento habla de atentados ni guerras santas.
Ojalá algún día la gente deje de juzgarnos con la religión por culpa de unos desalmados que manchan la imagen del islam.