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martes, 4 de diciembre de 2018

El diálogo es necesario

Lo he dicho muchas veces y cada vez me doy más cuenta de lo importante y necesario que es el diálogo.
Si no nos abrimos a los demás para que puedan preguntarnos y responder a sus dudas, la gente se conforma con sus prejuicios.
Este blog nació después de mucho responder a la eterna pregunta de por qué me hice musulmana. Se suele pensar que nos interesamos por el islam después de conocer a un musulmán que nos conquista, y esto no siempre es cierto.
Mi historia rompe con 7 mentiras muy comunes:

  • No tengo origen árabe.
  • No soy musulmana de nacimiento.
  • No cambié mi religión por amor.
  • No me obliga mi marido a vestir así.
  • No me paso el día cocinando y cuidando niños, tengo vida más allá.
  • No me relaciono solo con musulmanes.
  • No se me priva de ninguna libertad.
Pero esto es algo que sé yo, y que la gente no puede comprender si no le doy la oportunidad de preguntarme. 

Amanda Figueras quiso explicar en su libro Por qué el islam cosas que cree que todo el mundo debería conocer sobre esta religión. De esto y otras cosas hablamos en esta entrevista

Míriam Hatibi cuenta su historia en su libro Mírame a los ojos. Como la autora me contaba en esta entrevista, la idea de este libro surge tras repetirse el mismo debate en muchas charlas y conferencias. 

Mi libro Un velo de libertad surge de la necesidad de contar mi historia, porque es diferente y porque ha sido la mejor forma de que se me escuche. 

¿El resultado? Que por fin he podido poner voz y responder a cuestiones que nadie se había atrevido a plantearme antes. 

Quizás pensemos que la gente nos juzga con mala intención. En mi caso, es cierto que nadie me preguntó nunca por qué ese interés en el mundo árabe, en los musulmanes y en el islam. Se dio por hecho que yo, al relacionarme con musulmanes, acabé convirtiéndome a su religión. ¿Cómo iba a saber nadie que me acerqué a los musulmanes en busca de respuestas sobre el islam? 

Pero hay que ponerse también en el lugar del otro: ¿quién se atrevería a preguntar los motivos sin que pueda parecer agresivo? A lo mejor, si alguien me hubiese planteado ciertas cuestiones, yo me hubiese ofendido o me podría haber sentido atacada. 

Al final, lo que suele pasar, que unos por otros y la casa sin barrer. Yo no había tenido la oportunidad de contar mis razones, y la gente de mi entorno no se había visto capaz de hacerme las preguntas. 

A día de hoy, mi libro, mi historia, y sobre todo las presentaciones y el contacto con esas personas, me está facilitando mucho esa tarea. Se abre debate, se hacen preguntas, se dan respuestas, y al final queda esa sensación tan gratificante de sentirse comprendida. 

Por eso, un millón de gracias por la oportunidad que me estáis dando de descubrir esta historia. 

Nota importante: fundamental abrir esa posibilidad de diálogo y fomentar el debate respetuoso para compartir el conocimiento. 


lunes, 7 de agosto de 2017

Vencer mis miedos

Sufrí tantas críticas sobre mi persona, que la mente me jugó la mala pasada de crear un miedo infundado.

Islámicamente podría decir que los susurros del Shytan (demonio) para desviarme del buen camino me hicieron tener miedo de mi propia seguridad y sentimientos.

Hasta hace unos años, las críticas de la gente me hacían apartarme yo misma para que no siguieran hablando de mí.
Pero llegó un momento en que encontré la fortaleza para que eso dejase de importarme gracias a Dios (الحمد لله).
A partir de ese día, dejé de apartarme e intenté hacer vida normal enfrentando las críticas.

Me dí cuenta de que, aunque las críticas eran reales, no dejaban de estar porque yo me escondiera o me hiciera ver.
Y al hacerme ver y enfrentarme a las críticas, las miradas y las preguntan indiscretas de la gente, descubrí que era más el miedo que yo tenía, que lo que en realidad he tenido que ir enfrentando.

Cuanto más miedo he tenido, más me he escondido; y cuanto más me he escondido más miedo he tenido. Era la pescadilla que se muerde la cola.

Abrirme de nuevo al mundo, demostrar quien soy sin temor, no sólo me ha abierto puertas con aquellas personas que creía que se habían cerrado, sino que me ha dado la felicidad de hacer lo que creo correcto con seguridad y sin rechazo.

Confía en Dios (الله) y él te dará la fortaleza para enfrentar los miedos y los susurros que intentan apartarse del camino.
Confía en él (التوكل) y verás las puertas abiertas y un gran peso liberado en tu corazón y en tu conciencia.




lunes, 24 de julio de 2017

La igualdad en la sociedad


Esta entrada puede que no sea exactamente sobre islam, pero es un tema muy importante en la actualidad.

Hace unos cuántos días, mi niña aprendió en la ludoteca el cuento de "Elmer, el elefante de colores".
Este tipo de cuentos enseña a respetar las diferencias. Muestra a un personaje diferente del resto que se siente mal por ello, un poco como el tradicional cuento "El patito feo".
Como dice la viñeta sobre Elmer: para ser feliz no hay que ser igual, para sonreír no hay que ser igual, el color no importará.

Y me quedo con esa idea final, y con la ilusión de que, en la sociedad en general, se vaya trabajando por la igualdad, por el respeto a las diferencias. Para que así seamos capaces de respetarnos unos a otros, de aceptar en lugar de juzgar.

La primera palabra del Corán que se reveló fue "iqra (lee)".
Y es que leyendo, desde pequeños, es como se aprende y como se crece como personas con una mentalidad más abierta.


lunes, 13 de marzo de 2017

Amigos no musulmanes

Muchos musulmanes se encuentran con el obstáculo de que no consiguen tener una buena relación con las personas de otras religiones, o incluso con aquellas ateas.
Otros, en cambio, no tenemos problema para mantener una buena relación con personas de creencia e ideología diferente.
¿El motivo? Respeto, ante todo.
En todos estos años y en todas las etapas que he ido pasando hasta llegar al día de hoy me he encontrado con gente que:
- Simplemente por el hecho de pensar diferente, se ha distanciado de mí sin a penas conocerme.
- Me ha conocido, pero al no compartir conmigo ciertas aficiones, gustos, creencias o pensamientos, ha elegido no formar parte de mi camino.
- Me ha dado la oportunidad de conocerme y se ha acercado a mí sin importar mi religión.
- Ha visto paso a paso mi evolución y no por ello ha dejado de estar ahí.
Estos dos últimos grupos de personas son lo que merecen la pena realmente, aquellas personas que están ahí por quién soy, por como soy.
Y sí, puedo decir con orgullo que tengo amigas de otra religión que para mí son más importantes que gran parte de mi familia.
Puede que no comparta con ellas fiestas de sábado noche, puede que no tengamos los mismos gustos en la comida, puede que nuestra forma de vestir sea completamente diferente...
Pero nos une una gran amistad basada, sobre todo, en respetarnos mutuamente, en aceptar las ideas y gustos la una de la otra, y compartir risas, momentos, alegrías y tristezas, compañía y distancia, sin importar en qué crea cada una.
Porque además de tener una creencia religiosa, tenemos otra creencia importante para nosotras: la creencia en la amistad y en el buen corazón de las personas.

miércoles, 27 de enero de 2016

¿Extranjera?

Las "nuevas musulmanas" nos sentimos como tal en muchas ocasiones.
En mi caso, soy extranjera en Francia, y me siento como tal aunque también me veo muy integrada.
Hasta el momento y gracias a Dios no he recibido nunca ningún desprecio por parte de nadie, ni franceses ni extranjeros. Quizás alguna mala cara, sentir que alguien habla de mí, pero directamente, nada.
En España, mi país, mi origen, donde tengo a toda mi familia, me siento muchas veces como extranjera aún sin serlo.
El simple hecho de ser musulmana y, desde hace mucho, llevar velo, hace que la gente te rechace, insulte, hable de ti, etc.
En general, y de nuevo gracias a Dios, tampoco he sufrido ningún "ataque" por parte de nadie, pero sí que he notado el desprecio de mucha gente.
Saber que en mi pueblo se me critica porque los moros me han comido la cabeza y me comporto como ellos.
Saber que a mi familia le hablan de mí como si tuviesen que tener algún cuidado.
Saber que personas de mi propia familia no han dudado en criticarme.
Ver miradas de rechazo, personas que se apartan de ti, escuchar que hablan de ti como si fueses una extranjera que no se integra en la sociedad, como si quisiera imponer la cultura de mi país a otras personas cuando en realidad estoy en mi país y soy muy libre de elegir mi religión como tantas personas hacen.
Si eres católico, eres "normal", si eres testigo de Jehova, protestante, etc. hay muchos más y tampoco es tan raro; pero ser musulmán parece que está prohibido o condenado por la sociedad.
Es duro, sí, pero bueno cada cual es libre de hacer o decir lo que quiera.
Yo, como española, como musulmana, y sobre todo como persona, soy muy libre de elegir mi religión, mi forma de vida, y lo que quiero hacer con ella.
Y yo, como la mujer que soy y como el mismo islam me enseña, respeto la decisión y la vida de cada uno, no juzgo a nadie, no me meto con nadie ni en la vida de nadie, y aunque me desprecien no encontrarán por mi parte ningún desprecio hacia ellos.
Aquí sigo, como he estado siempre, y aquí seguiré, abierta a quien quiera formar parte de mi vida, y abierta a quien quiera alejarse de ella.

domingo, 11 de octubre de 2015

¿Y si en vez de musulmana me hubiese hecho monja?

No sería tan raro, podría haber sido también.
Siempre he sido una persona creyente y he intentado cumplir con la religión. 
Recuerdo en mi infancia querer cumplir con los 10 mandamientos que nos enseñaba la religión católica.
Quería aprender oraciones como el credo, el padre nuestro y demás, con gran interés y afán.
Me esforcé varias veces por leer la Biblia, aunque he de reconocer que me acababa aburriendo y nunca llegué a completarla entera.
Me encantaba conocer la religión, participar en la iglesia, ser una buena creyente, y mostrar ante todos mi fe y mis conocimientos.
Por lo tanto, no hubiera sido tan raro que me hubiese interesado por ser monja y dedicar mi vida a adorar a Dios (aunque también me llamaba la maternidad y los niños y no sé si lo hubiera conseguido).
Pero el destino, el qadr, lo que Dios había elegido para mí, fue que después de la muerte de mi abuela comenzase a dudar de mi fe en la iglesia y en la creencia que hasta entonces había tenido.
Y en ese momento, mis ganas de saber y de aprender hicieron que conociese el islam, la religión en la que encaminé mi vida para dedicar plena adoración a Dios en mi día a día y en todos mis actos, sin renunciar a la maternidad y a tener mi propia familia.
Ahora bien, socialmente, estoy segura de que si hubiese elegido ser monja en vez de musulmana a nadie le habría parecido tan descabellado.
"Una chica joven se ha metido a monja, pero tantas lo han hecho antes que aunque le tenemos lástima es algo normal, no es la primera"
"La hija de tal se ha hecho monja y vive en un convento, por eso se viste así y se tapa el pelo; es su obligación"
"Esta chica siempre fue muy beata y muy creyente, es normal que haya acabado así"
En cambio, elegí ser musulmana; y aquí es donde viene el conflicto:
"Pobre chica, se ha empezado a juntar con los moros y le van a comer la cabeza"
"Qué lástima que una chica tan joven desperdicie así su vida"
"La hija de tal se ha casado con un moro y le obliga a ponerse pañuelo, seguro que la maltrata y no le deja salir de casa"
Y así un largo etcétera que, aunque nadie ha tenido valor de decírmelo a la cara, ha llegado a mis oídos porque en un pueblo pequeño todo se sabe.
Señoras y señores opinólogos, he decidido ser musulmana por mi propia voluntad, porque quiero dedicar mi vida a adorar a Dios; pero no por ello he de renunciar a nada: soy madre, esposa, amiga, y muy libre de elegir mi futuro y lo que hago o dejo de hacer.
Y sí, llevo pañuelo y ropa larga, pero con ellos sigo estudiando para tener cada vez más conocimientos y más títulos y diplomas, no pienso dejar de aprender, y seguiré -si Dios quiere- siendo la buena estudiante que siempre fui, teniendo buenas notas, y destacando en todo aquello que haga: estudios reglados que me permitan trabajar en aquello que me gusta, y estudios islámicos que me permitan conocer más y mejor mi religión para así poder ser un buen ejemplo.

¿Española y musulmana?

La gente no acaba de comprender esto.
Musulmán = árabe = moro (sin ánimo de ofender, es la expresión más común)
Pues no, ni mucho menos, la mayoría de musulmanes del mundo no son árabes ni hablan árabe.
El islam es una religión, independiente de nacionalidad o cultura.
Al igual que hay españoles protestantes, evangelistas, ateos... También hay españoles musulmanes.
Y del mismo modo hay árabes que no son musulmanes.
Si esta pregunta te toca responderla cuando ya estás casada, lo entienden enseguida. "Ah bueno es musulmana porque está casada con un musulmán, la obliga su marido"
Pero si la pregunta es antes de estar casada, "¿española musulmana?, no puede ser, si tú eres de aquí, no puedes ser musulmana".
Señoras, señores, soy española, de padres y abuelos españoles, este es mi origen.
Pero soy musulmana porque el islam es la religión que he elegido, que me gusta y en la que creo.
Yo siempre creí que no era la única española musulmana, que habría más.
Pero no conocía a ninguna española ni tampoco español que fuese musulmán. Así que no podía evitar sentirme como un bicho raro que es lo que era para todo mi entorno.
Pero con el tiempo he conocido a muchas españolas y españoles musulmanes. Muchos de ellos musulmanes antes de tener pareja incluso, como en mi caso.
Con los años tengo una larga lista de amigas españolas musulmanas.
Y otra larga lista de personas que, sin conocerlos personalmente, me parecen admirables.
El Sheij Vicente (Mansur) Mota, por ejemplo, un valenciano musulmán que ha estudiado hasta el punto de ser imam y sheikh, una persona que conoce el Corán, su interpretación, y capaz de dar discursos islámicos con un gran conocimiento.
Amparo Sánchez, presidenta del Centro Cultural Islámico de Valencia, y a quien pude escuchar en una conferencia en Albacete en el año 2009.
Así es, somos españoles/as y musulmanes.
Incluso en muchos casos hemos estudiado tanto del islam que tenemos mucho más conocimiento que personas que son musulmanas toda su vida, gracias a Dios.
El islam es una religión, una forma de vida, abierta a todo el mundo sin importar nacionalidad, idioma, cultura, país...

No intentes ser quien no eres

Hacer un cambio tan grande e importante en tu vida produce miedo (al qué dirán, al rechazo, a equivocarte), dudas (si será o no lo correcto, si me acabaré arrepintiendo) e inseguridades.
Hay que tener mucho valor para enfrentar todo lo que venga, comentarios, rechazos, perder a gente, buscar conocimiento... Nada es fácil.
Pero desde luego que lo peor que se puede hacer en esta vida es fingir, tratar de aparentar algo que no sientes, y de parecer quien no eres.
Y ese ha sido uno de mis grandes fallos.
Pude enfrentar la realidad y no esconderme de mi interés por el islam.
Aguanté sin miedo perder amistades y tener que empezar desde cero.
He soportado siempre comentarios de todo tipo.
Pero no quería que mi familia sufriera más de lo que ya lo hacía, y más de una vez he tenido que aparentar. Y ahora me doy cuenta de que no ha servido para nada porque mi familia tiene que soportar igualmente comentarios, e incluso ha sido peor porque ha parecido algo que no es.
Con la mayoría de la familia a penas hay relación, más bien se puede decir que sólo nos saludamos si nos vemos, pero si no tampoco hacemos por relacionarnos (no conmigo, sino entre toda la familia)
Así que cuando ha habido reuniones familiares siempre se me ha dejado claro "no des explicaciones de nada para que no pregunten, no se enteren, no juzguen", y yo eso he hecho.
Si he estado ayunando, he dicho que no tengo hambre o que me encuentro mal por no decir la verdad.
Si me he vestido diferente he dicho que porque me gusta, y no que me gusta porque es parte de mi religión.
Y así, con todo.
El caso es que por evitar esos comentarios, preguntas, críticas, etc en esos momentos, durante años, ahora cuando la gente ve algo desde que decidí que no voy a fingir más, entonces comentan igual o más que antes, y critican igual o más que antes porque se creen que es mi marido el que me obliga, o que lo hago para que me quiera más.
Y ahora, por mucho que yo diga que es lo que yo quería hace años cuando no había ningún hombre en mi vida, nadie me cree.
¿De qué vale querer parecer quien no eres?
Si yo, por querer integrarme en la sociedad que me rodeaba, he fingido no ser musulmana y he tratado de salir, en ningún momento me he divertido porque ese ambiente no iba conmigo.
Si por evitar preguntas y críticas he disimulado muchos años, ahora lo único que he conseguido es que me critiquen más todavía.
Y en el caso contrario, que aunque no es el mío también los hay, ¿de qué vale hacerse pasar por musulmán/a si no lo sientes de verdad?
Puede que así tu pareja te quiera mucho, pero tú no te sentirás cómodo/a ayunando (que pasarás hambre o comerás a escondidas), ni vistiendo tapada y con pañuelo (que te sentirás ridícula), etc etc.
No trates de ser quien no eres, sé tú mismo/a, sé feliz, y tendrás a tu lado a quien realmente valga la pena tener.

La gente que no comparte tus ideas, intenta apartarte de ellas; pero no siempre

Por lo general, sentimos el apoyo de personas que comparten alguna idea, gusto o afición con nosotros. 
Parece raro que alguien totalmente opuesto a ti pueda apoyarte en tus decisiones, pero sí esa persona existe.
He perdido amistades y relación con familiares porque al ver mi cambio de intereses se apartaron de mí.
He tenido la suerte de conocer a personas que, aún no compartiendo mis ideas en cuanto a religión, han sido un gran apoyo y alguien con quien compartir gustos y aficiones.
He tenido el apoyo de mis padres, abuelos y tías; aunque haya sido algo forzado al ver que no me hacían cambiar de idea.
Pero si alguien me ha apoyado siempre ha sido la persona más diferente a mi que pueda existir, mi hermana.
Si yo soy ordenada, ella es desordenada; si yo soy tranquila, ella alocada; si yo soy responsable, ella una cabeza loca; si yo me tapo, ella enseña; si yo prefiero la casa, ella la calle...
Pero a pesar de todo es una persona a la que no le afectan los prejuicios (creo que ni los conoce), le da exactamente igual lo que piense o diga la gente, va a su bola y le da exactamente lo mismo lo que haga cada uno, y no se mete en la vida de nadie ni cuestiona nada.
Por eso, aunque nunca hemos sido grandes amigas ni unas hermanas muy unidas, creo que es la persona que mejor me conoce, que sabe el porqué he hecho cada cosa, que nunca me ha juzgado ni me ha cuestionado nada, que siempre me ha escuchado y ha tratado de entenderme, y que, a pesar de vivir de una forma completamente opuesta a mi, conoce mucho del islam.
Ella supo antes que nadie de mi familia que yo empezaba a usar pañuelo (hijab), ella me vio memorizar la primera sura del Corán, ella me ha visto rezar antes que nadie...
Y sé que, hoy por hoy, está orgullosa de mí.
Así que, no siempre hay que compartir ideas, gustos o aficiones con alguien para que te apoye.

Está en la edad del pavo, ya se le pasará

Que empiece a interesarte el islam tan joven tiene su lado bueno, pero también su lado malo.
El lado bueno es que eres joven y sabes moverte para buscar información, y que cuando te encuentras en edad de formar tu propia familia ya tienes conocimientos suficientes para saber lo que quieres hacer.
El lado malo, el peor, es que nadie te toma enserio.
Por un lado tu familia, que piensan que estás en la edad del pavo, y a cada adolescente le da por algo.
"Ya se le pasará, ya se dará cuenta de que eso no lleva a ningún sitio, cuando vaya madurando se dejará las tonterías."
Por otro tu entorno, que piensa que eres una niñata que no sabes lo que quieres y que haces esto para llamar la atención.
Y por otro los propios musulmanes, que cuando les dices "me gusta el islam, soy/quiero ser musulmana" dicen "qué bien, que alegría", pero en el fondo no te creen, esperan que algún día dejes de decir eso y seas como toda la sociedad que te rodea.
Con el paso de los años, cuando ven que la edad del pavo pasa y tú sigues con la misma idea, cuando ven que cada vez estás más segura, que cada vez tienes más claro que estás haciendo lo correcto y lo que de verdad quieres; acaban por dejarlo estar, por no meterse.
Pero aún así, tu familia sigue sin saber el por qué; tu entorno te sigue mirando mal y juzgandote sin saber; y la mayoría de musulmanes cuando les cuentas que eres musulmana desde tan joven no se lo pueden creer.
Pues sí, asumidlo sociedad, una chica joven, una adolescente, puede tener las ideas muy claras para darle un cambio a su vida y seguir un camino que ni siquiera sabía que existía.

Mi familia, implicados indirectamente en mi cambio de religión y de vida

Como contaba en mi presentación, vengo de una familia católica, creyente en su mayoría, y no practicantes excepto mi abuela paterna que ya falleció.
Además de eso, en mi familia no eran muy tolerantes con los extranjeros; por lo que verme a mi que me volvía como los moros,ha supuesto en ellos algo duro, y soy consciente de ello.
Al principio empecé a mostrar simpatía hacia el islam y los musulmanes.
Que si no te fies, que si ten cuidado, que si te hacen algo, que si no les conoces, que si no te acerques...
Viendo que me daba todo igual, me dejaron por imposible.
Empecé a ayunar en Ramadán y aunque lo disimulé no tardaron en darse cuenta.
Que si porqué haces el tonto, que si tú eres española, que si eso no vale para nada...
Viendo que año tras año seguía ayunando en Ramadán e incluso empezaba a hacer ayunos voluntarios, acabaron cediendo y no les quedó otra opción.
Cambié poco a poco mi forma de vestir.
Que si la religión se lleva en el corazón, que si eso es una tontería, que si así no vas bien, que si hace calor, que si el pañuelo no te hace falta, que muchas árabes no lo llevan, que eso para qué...
Años después, han visto que no hay alternativa, que hago lo que quiero.
Es cierto que mi familia sólo busca mi bien, pero también es cierto que son tan negativos porque no conocen, y al no conocer y no saber, supongo que les da miedo todo este cambio.
Yo nunca he querido hacerles sufrir, y he disimulado mucho por ellos, y he hecho las cosas muy poco a poco por ellos.
Realmente yo estaba preparada para estos cambios mucho antes, pero por respeto a mi familia, por no hacerles pasarlo mal, lo he ido atrasando y atrasando.
Pero así, ni ellos eran felices por mi intención de cambiar, ni yo era feliz por no hacer lo que de verdad quería.
Me duele mucho pensar en todo lo que han aguantado al ver que yo seguía hacia adelante a pesar de todo.
Me duele saber que lo pasan mal con comentarios y habladurías de la gente.
Pero yo soy feliz así, y a pesar de todo sé que ellos son felices al verme así, y se sienten orgullosos de mi valor, de mi seguridad, y de que no he dejado de luchar nunca por lo que creo y lo que quiero.
No hace falta decir que con este cambio, que por ser musulmana, hay mucha gente de mi misma familia que sienten lástima por mi, que se ríen a mis espaldas porque soy una mora, que me critican, que ni me saludan.
Pero ¿me importa? Pues no, porque yo no le niego el saludo a nadie, porque yo estoy feliz con mi vida, y porque si de verdad les interesara mi vida me preguntarían por qué hago lo que hago en vez de juzgarme sin saber.

En tierra de nadie

Supongo que no soy la única que se siente así.
Por eso escribo esta entrada en la que estoy segura que más de una/o se verá identificada/o.
Cuando haces un cambio tan grande en tu vida, como aceptar y practicar el islam, cambia tu entorno, tu ambiente, tus intereses...
Eres musulmana, eres el bicho raro de tu sociedad, pero no sólo de tu sociedad.
Para los españoles, para tu alrededor, ya no encajas en su mundo.
Ahora te has convertido en una mora, en un bicho raro y ya no te quieren cerca.
Si no bebes, no fumas, no vistes como ellos, y no te gusta su forma de divertirte, ¿qué haces con ellos?
Realmente, ni a ellos les conviene que salgas con ellos, ni a ti tampoco te interesa porque no compartís gustos ni aficiones.
Para los árabes y musulmanes en general, sean de la nacionalidad que sean, tampoco encajas en su mundo.
Compartes con ellos religión, intereses, pero aún así no eres como ellos.
En muchos casos, no hablan español, y por supuesto tú no hablas árabe. No podéis comunicaos, y eso es un impedimento.
Pero el otro impedimento es que mucha gente ni siquiera te toma enserio, no se terminan de creer que tú también eres musulmana, que te sientes identificada con ellos.
Además, cuando los hombres musulmanes se enteran de tu interés por el islam, no dudan en acercarse a ti, y no con los mejores intereses.
Te sientes perseguida y acosada en muchos casos, te buscan, quieren conocerte y salir contigo sea como sea, olvidándose de que están prohibidas esas relaciones.
Si se acercasen a ti con el fin de enseñarte su religión, de acercarte más al islam, de felicitarte por tu valor; quizás te sentirías alagada.
Pero muy al contrario, te buscan con malas intenciones.
He de decir también que siempre hay alguna persona diferente, y que aunque no comparten contigo la religión te respetan y te apoyan; y otras personas que sí se alegran por tu valor y les gustaría ayudarte, en la medida de lo posible, a conocer más y mejor el islam.